En ocasiones uno compra o hereda artilugios culinarios de dudosa utilidad. Algunos son innecesarios y otros ridículos. Te contamos cuáles son algunos de los más conocidos:
#1. Rallador eléctrico de quesos. Es voluminoso y difícil de limpiar. Además de cursi. Estuvo de moda en la década de 1990, pero habiendo un rallador manual, da vergüenza ajena.
#2. Prensa de ajos. Es una prensa donde se ponen los dientes de ajo pelados, los aplasta y transforma en una pasta. ¿Para qué quiere uno este artilugio que ocupa lugar si nos puede machacar en un mortero?
#3. Fileteador de huevos. Es una especie de guillotina que tiene unos cables metálicos que sirven para cortar un huevo duro en rodajas. ¿No es más sencillo usar un cuchillo?
#4. Termómetro para el vino. ¿Sos un sommelier diplomado que va a servir una comida de Estado? ¿Quién en su sano juicio tomaría la temperatura del vino en su casa? El común de los mortales lo hace a ojímetro y con eso alcanza y sobra.
#5. Separador de yemas y claras. ¡Qué aparato más inútil! Las madres y abuelas lo hacen trasvasando la yema de una cáscara de huevo a otra. Si no lo podés hacer a mano, la cocina no es tu fuerte.
#6. Abrelatas eléctrico. Ridículo y kitsch. El viejo abrelatas a uña es infalible, barato, eficiente, limpio y no ocupa lugar.
#7. Descorazonador de manzanas. Lo mismo que tantos utensilios que, habiendo un buen cuchillo, no tienen ningún sentido.
¿Qué otro utensilio agregarías a esta lista?
Transformar salsas y ajustar texturas, entre los resultados de este líquido clave.
Recetarios, crónicas, atlas viajeros y manuales ilustrados. Propuestas distintas sobre un universo que nos fanatiza.
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