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Reabrió la Confitería Ideal: todos los detalles de un esperado regreso para la gastronomía porteña

El centenario establecimiento gastronómico del Centro regresa restaurado al detalle.

Si existe un emblema de la Belle Époque en Buenos Aires, ese es la Confitería Ideal. Basta decir que abrió sus puertas en 1912, año en que naufragó el Titanic y marcó el fin de la Europa que nació con el Concierto de Viena.

La confitería escribió una página de gloria en la gastronomía porteña. Por allí paso el tout Buenos Aires, se realizaron fiestas, comidas e incluso las célebres despedidas de solteras en el primer piso, tal como también sucedió en sus primas hermanas, la Confitería del Molino y Las Violetas.

Lamentablemente, la metamorfosis del Centro y la decadencia del país llevaron lentamente a la decadencia del negocio, que se vio obligado a cerrar sus puertas.

Luego de un breve período de ostracismo y abandono, un grupo de inversores contrató al estudio Pereiro, Cerrotti & Asociados a fin de restaurarla y devolverle el brillo perdido.

Luego de seis años de trabajos, donde limpiaron, rehicieron, desmontaron, remasillaron y consolidaron piezas rotas, finalmente La Ideal reinauguró con toda la pompa.

Gracias al talento de Paula Farina Ruiz, quien también comandó la puesta a punto de los vidrios de las confiterías del Molino y Las Violetas, la confitería luce su cúpula como hace 110 años.

Los característicos sillones checoslovacos, el estuco veneciano, las vitrinas, la boiserie de cedro, e incluso el famoso bombonero lucen como en sus mejores tiempos.

A una semana de su apertura, hay que esperar para ingresar al espacioso local, lleno de porteños y turistas, que miran asombrados la clase del establecimiento.

En el entrepiso, sobre la barra principal, que conserva las antiguas heladeras forradas en madera, un pianista ameniza la velada.

Los mozos, muy profesionales, acercan la carta con propuestas de cafetería, patisserie, boulangerie, además de los tradicionales desayunos y meriendas.

También hay platos con huevos, tostones, sándwiches, bebidas con y sin alcohol, como los licuados de frutas que supieron tener en su tiempo. Vale decir que el chef a cargo de la operación es el talentoso Gustavo Nari, pastelero de Cucinare, hombre con gran trayectoria en el rubro.

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