El ananá es una fruta tropical que aporta a nuestro organismo una gran cantidad de antioxidantes, además de ser una excelente fuente de vitaminas y minerales.
Es la fruta perfecta para tomar en verano y combatir el calor. Además, aporta gran cantidad de agua, fundamental para la hidratación.
Tomar cualquier fruta en estado óptimo de maduración es fundamental para degustar sus sabores y matices con intensidad.
En el caso del ananá, saber eligirla te permite disfrutar de todo su sabor dulce conservando el punto justo de acidez.
Un ananá maduro debe tener una cáscara firme, pero ligeramente blanda y con un poco de holgura al apretarla.
Una de las mejores maneras de saber si el ananá está maduro es olerlo. Cuando están en su punto exacto tienen un olor dulce en la parte inferior, justo cerca de la base de la fruta.
Otro truco es tirar de las hojas de la corona. Si tiras de las hojas del centro y estas salen con facilidad es señal de que está en su punto óptimo de maduración.
Si apretamos con los dedos, no deben hundirse en el ananá. Además de esto, debe ser pesado y compacto.
Debe tener, además, un buen color y no presentar zonas negras o verdes. Lo ideal es que su color sea de un tono amarillento tirando a dorado. Cuanto más amarilla sea, más madura estará.
Otro buen indicador es que el ananá tenga los bordes redondeados, que los ojos tengan pinchos en el centro y que estos sean geométricos.
Transformar salsas y ajustar texturas, entre los resultados de este líquido clave.
Recetarios, crónicas, atlas viajeros y manuales ilustrados. Propuestas distintas sobre un universo que nos fanatiza.
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