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Las comidas y bebidas favoritas del General San Martín durante el Cruce de los Andes

Guiso, asado y café, el menú habitual del Libertador. Por qué no elegía el mate.

La gastronomía ha cumplido un rol central en la evolución humana. Y los hechos más relevantes de la historia argentina no fueron ajenos a esa máxima.

La alimentación durante el Cruce de los Andes, en 1817, cumplió un papel clave para llenar de energía a los protagonistas. Se cumple un nuevo aniversario de la muerte del general José de San Martín y es interesante revisar esos momentos.

En plena gesta libertadora, el ejército de San Martín se alimentaba con un guiso vigoroso conocido como charquicán cuyano, de origen quechua. Este plato se preparaba con charqui, ají molido y grasa, y sólo requería agua para dejarlo listo.

Este era uno de los platos favoritos del prócer al igual que el clásico asado criollo comido durante sus campañas, después de cada batalla.

#. Charquicán cuyano.

El charqui, carne ahumada y seca, era esencial para la conservación de alimentos antes de la invención de las heladeras. El charquicán es un guiso preparado con cualquier tipo de charqui: de cerdo, vaca, o incluso pescado. Aunque hoy en día se cocina con carne fresca, este plato de carne, legumbres, verduras, ajíes y, a veces, huevo, mantiene su nombre original.

#. Asado.

Se dice que San Martín era un hombre sobrio y discreto en sus gustos culinarios, especialmente en lo que respecta a la bebida. Un informe de Mr. Whortington, un agente del gobierno estadounidense, indica que los platos favoritos del General incluían un buen asado criollo, que solía acompañar con algún dulce mendocino, comido de pie.

El historiador Roberto L. Elissalde presenta una publicación con datos interesantes sobre la comida de San Martín.

“Su comida preferida era el asado, que casi siempre comía con un sólo cubierto: el cuchillo. Era muy hábil en comer así. Solía morder un pedazo de carne, y como los paisanos, cortaba el sobrante con un cuchillo afilado”.

#. Café.

El café con bombilla era habitual en las Provincias Unidas del Río de la Plata. San Martín lo prefería aún frente al mate y al té, bebidas que también sorbía con la bombilla. El café lo ayudaba a mantenerse despierto en largas jornadas, aunque no era el brebaje más recomendable para su úlcera.

Daniel Balmaceda, en su libro Grandes Historias de la Cocina Argentina, señala que “su primer café del día era a las tres y media de la mañana, al levantarse, ya que a las cuatro preparaba el trabajo para su secretario que acudía a las cinco. También tomaba café a las cuatro de la tarde y a las seis o siete”.

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