En el corazón de la Avenida de Mayo, donde Buenos Aires tiene una mezcla de memoria, modernidad y pulso inconfundible de ciudad antigua, Los 36 Billares sigue siendo uno de los bares notables porteños más emblemáticos.
Abrió sus puertas en 1894, casi al mismo tiempo que la avenida se inauguraba, y desde entonces supo mantener un espíritu que combina billar, café, literatura y tango.
A lo largo de su historia, este bar ocupó la planta baja y el subsuelo del edificio levantado en 1914 para la Compañía de Seguros “La Franco Argentina”, de un estilo academicista francés firmado por los arquitectos Tiphaine y Colmegna.
Una construcción elegante que hoy aloja al Hotel Marbella, y que guarda en su interior parte del imaginario porteño: mesas antiguas, mármoles, lámparas y un subsuelo mítico donde funcionaban los billares que le dieron nombre. La referencia no es casual: “Los 36 Billares” alude al prestigioso fabricante de mesas que equipó el lugar.
El bar fue, durante décadas, un punto de encuentro para escritores, periodistas y artistas. Por allí pasó Federico García Lorca, que se alojaba en el cercano Hotel Castelar, y también Abelardo Arias, Miguel Ángel Bavio Esquiú y Timo Zorraquín. Todos encontraron en estas mesas un refugio perfecto para observar, escribir y atravesar la ciudad desde adentro.
Ese valor histórico fue reconocido una y otra vez. En 1987 recibió el premio “Testimonio vivo de la Memoria Ciudadana”, otorgado por el Buenos Aires Museo.
Más tarde, en 1993, la Comisión del Centenario de la Avenida de Mayo lo homenajeó por su presencia constante en la arteria más simbólica de la ciudad. Y en 1999 sumó reconocimientos de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural porteño y de la Comisión de Cafés y Bares Notables, que destacó su rol como uno de esos espacios que definen la identidad cultural de Buenos Aires.
El golpe más duro llegó en 2013, cuando el lugar cerró tras haber sido comprado por una cadena de pizzerías. El rumor de una transformación total encendió alarmas entre habitués, historiadores y amantes del patrimonio.
Pero la historia dio un giro inesperado. Tras un año de obras, Los 36 Billares reabrió en septiembre de 2014 y el mito permaneció intacto: el subsuelo fue restaurado respetando su estética original y volvió a lucir como una de las grandes plazas del billar mundial. La planta baja siguió en trabajos de recuperación, con la promesa de honrar el carácter del bar.
Aunque la mística del billar sea parte esencial de su identidad, Los 36 Billares también se hizo fuerte desde la cocina. Su carta mantiene clásicos porteños que nunca pasan de moda: pizza a la piedra bien finita, fugazzeta generosa y una línea de postres tradicionales donde brillan la sopa inglesa, la torta Balcarce y la tarta de ricota.
Actualmente, Los 36 Billares sigue siendo un rincón donde las luces tenues, los ecos del tango y el aroma a café dialogan con más de un siglo de historia. Un bar notable que sobrevivió a cierres, rumores y cambios de época, y que todavía invita a bajar las escaleras y descubrir un bajo mundo lleno de tradición, mesas verdes y cultura porteña.
Detrás de cada mezcla bien lograda hay más que buenos ingredientes y una receta clara.…
No es un detalle menor ni una decisión aleatoria, sino una herramienta más dentro de…
El orden y el contexto en el que entran en juego condicionan cuánto aroma liberan,…
Uno más agresivo corta grasas y realza sabores intensos mientras que uno más suave acompaña…
Si estás vacacionando por ahí, tenés que aprovechar su increíble variedad, muchas de ellas difíciles…
Parece una tarea simple: fruta, líquido, licuadora y listo... pero puede fallar. Leé estos tips…