A nadie le quedan dudas de que tomar agua hace bien para la salud, pero también es bastante frecuente que te termine resultando aburrido beberla todo el tiempo. Si se recomienda evitar (o reducir al máximo) el consumo de gaseosas o de bebidas azucaradas (aguas saborizadas y jugos), una alternativa intermedia son las aguas con gas o la soda, que siempre tienen el atractivo de las burbujas.
El problema es que un estudio realizado por la Universidad de Beir Zeit, en Palestina, acaba de comprobar que existe una relación entre tomar agua con gas y el hambre. Los investigadores descubrieron que, cuando tomás agua gasificada, es mayor en tu organismo el nivel de grelina (la hormona del hambre) que cuando elegís beber agua sin gas. ¿Cómo se explica esto? Por el dióxido de carbono que contienen las burbujas, y que provoca un aumento en los niveles de grelina.
A no alarmarse, porque si tomás agua con gas todos los días, el impacto no debería ser demasiado grande. Pero en cambio, si estás siguiendo una dieta para bajar de peso, las aguas gasificadas no te van a ayudar a alcanzar el objetivo. Porque si beber agua con gas aumenta tu apetito, corrés el riesgo de terminar comiendo más de lo que tenías previsto.
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