A ciencia cierta, nadie sabe bien por qué el tamaño estándar de una botella de vino es de ¾ de litro, o 750 ml. Algunos afirman que era lo máximo que podía soplar un soplador al fabricar una botella, porque dependía de su capacidad pulmonar. Pero también existe la versión que indica que 750 ml es la cantidad de líquido que se obtiene con un kilo de uva, y eso habría definido el tamaño de la botella.
Pero los más estudiosos consideran que la definición de esta medida estándar la fijaron, como para tantas otras cosas, los ingleses en el siglo XVIII. En la época del auge del Imperio Británico, ellos habían empezado con una incipiente industrialización de botellas de vidrio, y al mismo tiempo, eran quienes dominaban la distribución del vino en el mundo, ya que poseían la flota más grande y poderosa.
Como los ingleses medían con galones en lugar de litros (un galón equivale a 4,5 litros), al dividir un galón por 6 (que es la cantidad de botellas de vino que caben en una caja estándar), convertido al sistema decimal, da que cada botella puede tener hasta 0,75 litros de capacidad.
Finalmente, esta medida se volvió estándar en el mundo a partir de los años 1970, cuando en Europa y Estados Unidos se pusieron de acuerdo, lo que facilitó (y abarató) el comercio mundial de vino.
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