De tan popular, pasa inadvertido. Apenas cuatro letras que alcanzan para referirse a uno de los postres más antiguos de Occidente, aunque a veces se use en forma peyorativa: “Tiembla como un flan”, o “es débil como un flan”, dos irreverencias para el postre más querido.
Lo que lo define es su elegante sencillez: está hecho con huevos, leche y azúcar, y si bien los franceses se lo atribuyen, no hay acuerdo en cuanto su origen ya que es conocido en toda Europa y el mundo con diferentes nombres.
Se sabe que el antecedente remoto viene de Roma. Fueron los romanos quienes entendieron el valioso acuerdo que se daba en la unión de la leche, el huevo y la miel. No usaban azúcar en aquel entonces, ingrediente que posteriormente lo árabes llevaron al sur de Italia, Francia y España.
Y si bien durante la Alta Edad Media en Europa se hacía una mezcla de leche, huevos y otros ingredientes llamada “flado”, fueron precisamente los árabes, venidos de la otra orilla del Mediterráneo, quienes dieron entidad a este postre. Ellos eran expertos en el uso de azúcar para crear pasteles, turrones, jarabes y natillas.
Fue así como los cocineros españoles y posteriormente los franceses descubrieron cómo hacer una preparación delicada y sutilmente dulce horneando una mezcla de huevos, leche y azúcar. Los cocineros árabes también cubrieron la fuente de hornear con una fina capa de azúcar a fin de lograr el caramelo.
Afortunadamente, ahora casi todo el mundo tiene una heladera, ya que el flan se logra su punto óptimo una vez refrigerado; una vez hecho esto se lo da vuelta fuera del recipiente y se presenta en un plato con el caramelo encima (por eso los franceses lo llaman crème renversée).
Otro producto que sumó al perfeccionamiento del flan fue la chaucha de vainilla, ingrediente que viajó desde América al Viejo Mundo y que era muy empleado para aromatizar postres como de convento. Y, hablando de conventos, estos eran grandes productores de vino, por lo que necesitaban una gran cantidad de claras de huevo para clarificarlo, elemento que también usaban para hacer postres como el flan, de ahí que este postre haya sido tan afín a los hombres y mujeres de Iglesia. Pero el flan se recién se popularizó en los restaurantes a fines del siglo XIX debido a su relativa facilidad de fabricación y almacenamiento.
Y, si querés aprender a hacer un flan de dulce de leche soberbio, podés ver esta receta que te comparte Valu Ramallo:
Cucinare también te brinda seis tips para que tu versión clásica del flan te salga perfecta.
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