Escándalo en una churrería con un cliente que no quiso usar barbijo: «Maltrató a dos empleadas y a una la hizo llorar»

Un consumidor se negó a ponerse una mascarilla y empezó un escándalo que se hizo viral.

“El cliente siempre tiene la razón”. Lo que parece ser una máxima en el comercio perdió todo el sentido el sábado 29 de enero en la churrería El Topo, en su sede del barrio porteño de Belgrano.

La pelea podría haber quedado como una mala experiencia en el local pero salió a la luz gracias a las redes, donde la churrería compartió el ida y vuelta con los clientes enojados a través de mensajes privados. ¿Qué pasó?

La novia del cliente en cuestión escribió su queja para defender a su pareja por Instagram. 

Y dijo: «Fíjense bien a quién ponen a atender su negocio. Compro churros desde que tengo 10 años y veraneaba en Villa Gesell. Hoy mi novio se fue a Palermo al local de Belgrano y fue maltratado y mal atendido por sus empleados extranjeros. ¡Una vergüenza! No les compro más». 

La churrería no solo le respondió este mensaje a la mujer contando lo que había pasado realmente sino que, al compartirlo en redes, encontraron testigos que les dieron la razón: el maltratador había sido el cliente y no las vendedoras.

La respuesta del local al mensaje de la novia defensora fue: “Nosotros debemos seguir las reglas de protocolo que nos imponen. El cliente debe tener tapabocas para entrar al local. No nos interesa que el cliente no crea en eso o no tenga ganas de ponérselo. Los empleados (sin el mote de extranjeros) deben cumplir las resoluciones de la empresa”.

Y continuó: “Le dimos un barbijo, maltrató a dos empleadas (a una la hizo llorar) y por si eso fuera poco tiró el barbijo al mostrador después de comprar».

Para cerrar su argumento, El Topo concluyó: «Lamentamos que no entiendan cuáles son las normas a casi dos años de la pandemia. Nosotros no las ponemos ni las estudiamos. Hacemos churros y debemos cumplirlas”.

Uno de los testigos de la situación contestó el tuit de la churrería y contó lo que presenció.

“El personal le pidió amablemente a una persona que por favor se pusiera el tapabocas para entrar al local. Da vergüenza ajena la actitud de este inadaptado que maltrató a los empleados», explicó.

Lejos de disculparse, el cliente por fin dio la cara, pero para seguir quejándose.

Dejó una reseña del local en Internet en la que escribió, de nuevo refiriéndose a la nacionalidad de las trabajadoras.

“Hoy, las empleadas venezolanas me atendieron pésimo, no me quisieron alcanzar de gauchada hasta la entrada mi compra porque me había olvidado el barbijo. Me había ido desde Palermo. Indignado por las contestaciones y la falta de consideración, decido exponer mi experiencia anunciando que no voy nunca más”.

¿El cliente siempre tiene la razón?


Author: Cucinare

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