En un mundo en que se critica cada vez más el desperdicio de alimentos, el ejemplo de este restaurant de Nueva York merece ser tenido en cuenta. Se llama Rhodora y está embarcado en un plan para alcanzar un nivel de basura cero, lo que significa que no contribuyen a aportar para los rellenos sanitarios nada que utilicen para elaborar los platos de la carta.
El objetivo del establecimiento no solo pasa por reducir su impacto ambiental; también son conscientes de que la clientela de alto poder adquisitivo está más pendiente de concurrir a aquellos restaurantes que adopten prácticas ecológicas en sus procesos.
Por eso, los dueños del local buscaron proveedores de envases que se puedan compactar con facilidad y sean biodegradables y buscar cómo reciclar electrodomésticos descompuestos.
El proceso tomó 10 meses de trabajo y una inversión de u$s 50.000: ahora el restaurant cuenta con una máquina trituradora de cartón que convierte las cajas de vino en material compostable, papel film elaborado a partir de cera de abeja en lugar de plástico, menús de papel reciclable, mientras que los restos que quedan en los platos de los clientes van a parar al contenedores de recolección que luego se introducen en los compostadores ubicados en la cocina. En cuanto a las botellas de vino de vidrio, son entregadas para su reciclado, así como los corchos.
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