El pochoclero de Mar del Plata que ganó millones en la Bolsa y cumple su sueño de ser actor

Marcelo Diez, vendedor de pochoclos hace 32 años, revela el secreto del éxito de su carrito ambulante.

Si hay algo que sobra en Mar del Plata, además de arena y sol, son personajes carismáticos que le dan a la ciudad esa magia que convoca a decenas de miles de turistas año tras año.

Esta vez el protagonista es Marcelo Diez, el pochoclero que desde hace 32 años tiene su carro entre Playa Varese y Cabo Corrientes, y cuyo oficio lo llevó a ser millonario.

Sí, ¡vendiendo pochoclos!

TN se encontró con él y le hizo una jugosa entrevista que dejó al descubierto cómo Marcelo se ganó la fama, el cariño de la gente y un negocio rentable que le da tranquilidad y estabilidad económica.

La clave del éxito, como en todo emprendimiento gastronómico, parece obvia: los pochoclos que hace Marcelo son insuperablemente ricos.

¿Cuál es el secreto? “Es muy complejo el tema de los pochoclos, descubrí algo que muchos no descubrieron: darle la humedad justa al maíz. Fue gracias a un ingeniero agrónomo que me ayudó”, revela.

Pero la vida del carismático vendedor cambió cuando logró interiorizarse en el mundo de La Bolsa a partir de los consejos de un cliente.

“Con los pochoclos puedo vivir bien. Me da la posibilidad de tomarme un rico helado hasta viajar en un crucero. Pude recorrer, conocer. Me dio amistades, conocimientos”, cuenta Diez.

Su popularidad lo llevó a pasar por los medios de comunicación, donde contar su éxito tuvo su costo.

“Me investigaron un auto que pagué en 108 cuotas. Mi contador me dijo que voy pagar una suma cercana a los 500 mil pesos. Increíble. Siempre tuve todo en regla”, asegura el vendedor.

Y también los pochoclos fueron el camino hacia cumplir otro sueño: actuar. “Voy a estar en una obra de teatro que se llama Flores del ardiente jardín, todos los viernes de enero y febrero a las 21 en el Teatro Liberart”, avisa.

Como los pochoclos, los romances también explotan en su carro, no importa si es verano o invierno.

“Muchas mujeres no vienen solo a buscar pochoclos: quieren robarme el corazón. He conocido amores, 30 años pegado al mar, da romanticismo”, admite el vendedor.

“El atardecer, la bajada de la luna, todo eso me motiva para enamorarme”, concluye Diez, que sueña con seguir haciendo lo que mejor sabe y, quizá, alguna vez transformar esos romances en una familia.


Author: Cucinare

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