Es de rigor decir que en Buenos Aires se encuentra todo tipo de oferta gastronómica. Ciertamente, hay muchas opciones, incluso una que tiene tintes surrealistas, como CCCP (acrónimo de la Unión Soviética), restaurant ruso sito en San Telmo.
CCCP pertenece a Ksenia, mujer que hace 15 años vive en la Argentina; era la antigua propietaria de Ermak, restaurant ruso sobre la calle Billinghurst, acompañada por su hermano Viacheslav Alekséev, ex boxeador que estudió cocina en la ciudad de Járkov y se especializa en hacer suprema a la Kiev, la especialidad de la casa. Toda una excentricidad.
El local es rectangular, con grandes ventanales a la calle, bastante sobrio, por no decir espartano. Las mesas de madera tienen dibujada un mapa de la región, y de las paredes cuelgan algunos recuerdos que la familia trajo de su país y llaman a la nostalgia. Se pueden comer algunas entradas (allá les dicen zakuski) y platos típicos como pelmenis y varenikes (un tipo de pasta rellena), blinis (una especie de panqueque de masa turgente y porosa), repollo salteado, unos buñuelos fritos llamados dranikis, sopas, entre las que se destaca el borscht o sopa de remolachas con crema ácida y lógicamente, la suprema a la Kiev.
¿Qué se bebe? Cerveza, vino y gaseosas, por supuesto, pero no es raro ver que el servicio saca una botella de vodka del congelador y la apoya en la mesa de algún comensal ruso. Lo raro es que al grito de nasdrovia (salud, en ruso) la beben hasta el final, sin pestañear.
¿Habías escuchado hablar de CCCP?
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