Los churros con chocolate, una tradición que se repite cada 25 de mayo para rendir homenaje a la Revolución de Mayo, poseen una misteriosa historia que confirma que las declaraciones de independencia tienen menos fuerza que las tradiciones gastronómicas heredades de los conquistadores.
Es que los churros llegaron a la Argentina antes de que se convirtiera en un país independiente y forman parte de la herencia hispana que todavía persiste en materia de comidas.
Si los churros comenzaron a consumirse en España de forma masiva a principios del siglo XIX, los registros de su origen en la Península Ibérica se remontan a la presencia de los árabes durante cinco siglos. Es ese primer origen que nos llega al Río de la Plata durante la Colonia, como tantas otras preparaciones, de las que la empanada es la más emblemática.
Pero los churros tienen un origen más misterioso, y no nacieron en el medio del desierto de la Península Arábiga o el Magreb africano.
Si bien el lugar de nacimiento no está bien definido, la hipótesis más firme sostiene que fueron los chinos los primeros en freír masa y comerla como aún hoy se acostumbra en ese país. Los primeros churros, parecidos al youtiao chino, eran alargados pero sin la forma de estrella.
Luego, gracias al uso de una manga, se llegó a darles el diseño actual. Fue así que, varios siglos más tarde y gracias al comercio y las caravanas, el churro habría dado la vuelta al mundo hasta llegar a las mesas del 25.
Transformar salsas y ajustar texturas, entre los resultados de este líquido clave.
Recetarios, crónicas, atlas viajeros y manuales ilustrados. Propuestas distintas sobre un universo que nos fanatiza.
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