“Un pequeño paso para un nugget, pero un gran paso a la alimentación humana”. Esta podría ser una frase que, parafraseando a Neil Armstrong, primer ser humano que pisó la Luna, podría aplicarse a lo que está sucediendo en Singapur.
La Agencia de Alimentos de Singapur (SFA), acaba de aprobar la comercialización de pollo cultivado en laboratorio, mediante la reproducción artificial de células, hito que logró la empresa Eat Just, con sede en San Francisco.
¿Cuán relevante es esta noticia? Muy, pero muy relevante. Y lo es por tres motivos. En primer lugar, porque podría producirse proteína animal sin sacrificio alguno, sobre todo en la industria avícola, donde los pollos son explotados con suma crueldad. Este nuevo fenómeno daría vía libre a los deseos de muchos de los vegetarianos que no consumen carne por un problema de conciencia.
En segundo lugar, según la consultora Barclays, el mercado de alternativas a la carne podría tener un valor de $ 140 mil millones en la próxima década, o alrededor de un 10% de la industria mundial de la carne de 1,4 billones de dólares, cifra importante por demás.
Otro tema no menor es que, según los productores, este tipo de carne de laboratorio evita la contaminación bacteriana proveniente de los desechos de origen animal y el exceso de antibióticos y hormonas inyectados en animales.
Finalmente, si esta tecnología lograra replicarse en mamíferos como las vacas, representaría un gran paso para combatir el calentamiento global, ya que la cría del ganado vacuno es uno de los principales emisores de metano. Para hacerse una idea del problema, el rumiante promedio produce entre 250-500 litros de metano por día, mientras que, a nivel mundial, el ganado es responsable de emitir el metano equivalente a 3,1 gigatoneladas de dióxido de carbono a la atmósfera anualmente.
Pero no todo es tan auspicioso, ya que aún queda mucho camino para recorrer. En primer lugar, está el tema del costo de producción. Actualmente la venta del producto será restringida a un solo restaurant en Singapur y su precio será elevado (tal como si fuera un pollo premium, de la mejor calidad), pero se espera que, con el tiempo y el desarrollo de la tecnología, vaya bajando y se haga accesible a la gran masa de consumidores.
El sabor también es un desafío, porque tal como sucedió con la hamburguesa de probeta, según dicen los entendidos, todavía no tiene el sabor de un pollo natural. Pero sin duda esto es algo que se irá mejorando.
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